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Por Caius Apicius Madrid,
04 jun
(EFE)
.- Lo último que uno podría
pensar es que el agua fuese capaz de hacer daño a los seres
que viven en ella; tantos años pensando que el agua era `buena
para las ranas` o `para los peces`, y ahora resulta que el agua,
en ciertos casos, es malísima para... las almejas. O eso
parece desprenderse de lo que ha ocurrido este año en los
bancos de almejas de distintas rías gallegas: la lluvia,
que este año ha batido todos los récords también
allí, ha modificado, a la baja, la salinidad de las aguas
de esas rías, que no son más que desembocaduras de
otros tantos ríos... y las almejas se han muerto.
Quién nos lo iba a decir; nosotros
que pensábamos, como gallegos, que `un poco de agua y un
poco de desconfianza nunca le hicieron daño a nadie`. Pues
toma: a las almejas no es que les haya hecho daño: es que
las ha exterminado. Bueno, el agua del invierno y la primavera y
algún otro factor no demasiado bien explicado. Pero el caso
es que apenas hay almejas, y las poquitas que hay en las rías
se cotizan a precio casi de percebe. El `palo` para quienes viven
del marisqueo ha sido grave, desde luego. Y para los muchos amantes
de las almejas, también. Uno no acaba de salir de su asombro
ante este caso de las almejas ahogadas en agua dulce, ya que, entre
otras cosas, cree recordar, de las inevitables novelas de Julio
Verne, que hay almejas de agua dulce. Bueno, pues a las gallegas
parece que no les sienta bien.
Por supuesto, uno era consciente de que
las almejas -y, en realidad, todos los mariscos- no hacían
buenas migas con el agua. La sabiduría popular recomendaba
evitar el agua como acompañamiento líquido de estos
animalitos, que debían regarse con vino, a poder ser gallego.
Pero esto era como precaución para el consumidor, no para
las almejas... En fin, qué cosas tiene el agua. Que no es,
claro, el único problema que afecta a las almejas, y ahora
hablamos de almejas cocinadas. Los muy aficionados a este molusco
bivalvo son, mayormente, partidarios de no cocinarlas en absoluto:
simplemente las abren, comprueban que están vivas con la
tradicional gotita de limón que hace que se estremezcan...
y adentro. Están muy buenas, sí; pero tienen riesgos.
Riesgos que se acrecientan con su cocina
casi instantánea. Me explico. Hoy está de moda cocinar
los moluscos apenas unos segundos, con la disculpa de mantener su
sabor, su textura. Esto aumenta el riesgo de infecciones y, de hecho,
entre muchos colegas ha habido unos cuantos episodios al menos molestos
por esta causa. Verán ustedes; una cocción de apenas
segundos de estos animalitos, que tienen concha dura, apenas los
calienta. Y todo el que haya estudiado Biológicas o Farmacia
sabe a qué temperatura se desarrollan mejor los cultivos
de microorganismos: las siembras en placas se hacían a unos
37 grados, con los que los citados microbios eran felices y se reproducían
entusiásticamente. Bueno, pues es fácil comprender
que si el interior del animalito no se calienta más, esos
gérmenes se desarrollan a sus anchas... y pasa lo que pasa.
De modo que, una vez más, les recomendaremos
extremar las precauciones con estos mariscos, que están muy
ricos, sí, pero que pueden ser muy traidores. Y la verdad
es que las almejas también están muy buenas cocinadas.
Sencillamente, desde luego; a mí me encantan, por ejemplo,
abiertas en la plancha y regadas con una salsita resultante de trabajar
el agua -colada- que hayan soltado al abrirse con un poco de vino
blanco, un aire de pimienta y una insinuación de ajo... O
con arroz, receta que hoy vemos pocas veces para lo rica que está.
Aquí tienen una bien clásica: para medio kilo de arroz,
medio kilo de almejas. Pongan en una cazuela aceite de oliva y rehoguen
en él un pimiento verde picado. En cuanto ablande, añadan
ajo, también picado. Cuando empiece a dorarse, echen en la
cazuela el arroz y las almejas.
Rehoguen un poco y espolvoreen perejil
picadito. Cuando las almejas se abran y hayan soltado su agua natural,
cubran todo con caldo de verduras; calculen tres partes de caldo
por una de arroz. Dejen hacer algo más de 20 minutos a fuego
fuerte, y déjenlo reposar otros cinco antes de llevarlo a
la mesa. Está muy rico, y exento de todo riesgo. Eso sí,
a la hora de disfrutarlo no se les vaya a ocurrir poner en las copas
agua; como hemos visto, les sienta muy mal a las almejas. Vino,
entonces; quizá un Albariño, pero un Albariño
que tenga, al menos, un año de edad: es más complejo
y les sorprenderá lo bien que va con este arroz.
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