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Por Caius Apicius
Madrid, 2 ago (EFE)
.- ¿Por qué lo que es exquisito
para los naturales de un determinado país es repugnante para
los de otro?; ¿Por qué el alimento que es tabú
para una cultura resulta básico en la dieta de otra?. El
concepto de "bueno para comer" varía mucho no ya
de un continente a otro, sino incluso de una región a otra.
Siempre se ha dicho que a un europeo normal -la gente culta, que
no suele plantearse estas repugnancias es, desgraciadamente, cada
vez más "anormal"- le resulta imposible alimentarse
de, pongamos por caso, insectos.... lo que le impide saborear especialidades
bastante interesantes en países como México -los chapulines-
o Colombia, con sus hormigas fritas.
En una lejana ocasión, el entonces
delegado de la Agencia EFE en este último país llegó
a Madrid con una bolsa repleta de estas hormigas, fritas, y me la
pasó. Yo, naturalmente, las probé en seguida, y hube
de reconocer que no estaban nada mal. Las pasé por la redacción...
y la respuesta fue más positiva de lo que yo esperaba: al
menos la mitad de mis compañeros las probaron, y la mitad
de ellos dijeron que les gustaban. No es lo normal. Pero es que
el español que pone cara de asco cuando se le habla de la
posibilidad de comerse unos saltamontes fritos -los hebreos de tiempos
bíblicos sí que se los comían-, cambia su gesto
por el de asombro cuando un británico se niega rotundamente
a probar las angulas -alevines de anguila- porque le recuerdan demasiado
a ciertas lombrices intestinales...
Es cuestión de educación,
sencillamente, y de tener la mente abierta, que es como debe tenerla
un gastrónomo. aturalmente, en esa educación influye
el peso de los siglos. Un europeo, un americano, no comerá
nunca carne de perro; el único perrito comestible en Occidente
es el "perrito caliente", el "hot dog"; pero
los aztecas, según cuentan los cronistas de Indias, sí
que criaban una raza de perros para comérselos... y en el
extremo oriente se siguen comiendo. O gatos. Un refrán español
previene de que no le den a uno "gato por liebre", señal
de que se hacía. Y, según me cuentan, aún se
hace. Yo, que yo sepa, no he comido nunca gato, entre otras cosas
porque es mi mascota favorita, pero... cuando el hambre apretaba,
se comía de todo.
La hipofagia es algo normal en Francia,
donde abundan las carnicerías especializadas en carne de
caballo. Pero la mayoría de la gente no está dispuesta
a comerse un caballo: es un animal muy compañero del hombre,
y nos repugna la idea, sin contar con que un Papa prohibió
su consumo en la temprana Edad Media porque los alemanes -paganos
e idólatras- comían carne de caballo... Judíos
y musulmanes abominan del cerdo... porque fue prohibido por Moisés
y Mahoma. ¿Por qué?. Pues porque el cerdo, en esa
franja de Oriente Medio, era un animal competidor, que come lo mismo
que el hombre y que no sirve más que para ser comido. Su
consumo no era rentable, y se vetó. Lo contrario pasó
en la India con las vacas: dan más juego vivas que muertas,
como productoras de leche y estiércol que de carne. Y se
prohibió su consumo...
Razones religiosas, que en el fondo son
puramente económicas; siglos de una determinada cultura gastronómica...
La verdad es que es muy difícil cambiar los hábitos
gastronómicos de una sociedad; alguien dijo que es más
fácil cambiar de religión. Pero quien quiera ser llamado
"gastrónomo" no puede decir que algo no le gusta...
hasta que lo haya probado.
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