Revista Digital de Gastronomía   
Portada  Recetas  A comer  Paso a Paso  El Tema  Noticias  Gastroamigos   Y Además...  Suscríbete
  Favoritos
 Buscador de recetas de cocina Buscador Recetas
Aperitivos y tapas
Arroces
Carnes
Cócteles y bebidas
Ensaladas
Entradas
Internacionales
Guarniciones
Huevos
Light
Panes y bollos
Pastas
Pescado y marisco
Postres y dulces
Salsas y fondos
Sopas y cremas
Vegetarianas
Verduras

  EL TEMA
   En avión y sin cuchillos

Por Caius Apicius Madrid, 17 sep (EFE)

.- Todo usuario de líneas aéreas sabe que la comida que se sirve en la sufrida clase turista no es, precisamente, uno de los atractivos del vuelo; ahora, además, estará preocupado por las repercusiones que las nuevas normas de seguridad a bordo tendrán sobre el contenido de las bandejas.
Sin duda se trata de una de las consecuencias menos graves de lo sucedido en Nueva York el 11 de septiembre, aunque en adelante nos vaya a resultar más incómodo volar y vivir en un avión. Por lo que hemos leído hasta ahora, una de esas secuelas será la prohibición de todo tipo de cuchillos a bordo de una aeronave comercial.
Esta prohibición forzará la modificación del ya de por sí poco atractivo menú aéreo de la mayoría de los pasajeros. Será impensable servir un solomillo -en clase turista ha sido siempre impensable- si el comensal no puede cortarlo. De hecho, en los primeros vuelos transatlánticos después de la tragedia de Manhattan se optó por no servir carne en sus menús. Pero ésta no es la solución.
Porque, en efecto, un tenedor de púas afiladas aplicado sobre la yugular puede ser un arma tan letal como un cuchillo. Y para comer pescado hace falta, por lo menos, un tenedor y, además, una pala, que es cierto que no tiene filo cortante, pero sí tiene punta.
Los pesimistas auguran un futuro `gastronómico` a bordo basado en algo parecido a los `potitos`, siguiendo la moda de la deconstrucción de platos y alteración de texturas. Una posibilidad que sólo agradecerían las madres que viajasen con bebés, los ciudadanos obligados a llevar una dieta blanda o los adictos a la pura vanguardia culinaria... que suelen viajar en preferente o en gran clase.
No habría por qué llegar a tanto. Un menú para el que no haga falta cuchillo y, si me apuran, tampoco tenedor, puede resultar más atractivo que la inmensa mayoría de los que hasta ahora se ofrecen a los pasajeros de la clase turista.
Nada impide servir, como entrada o aperitivo, tacitas con una sopa o crema fría o caliente, desde un gazpacho a una crema de verduras decente. Las tablas de quesos o fiambres, en trozos manejables, permitirían una variedad de oferta realmente amplia; sólo las especialidades españolas permitirían no repetir en, al menos, un par de semanas.
Hay cosas muy ricas que se comen habitualmente con la mano: piensen en la casi infinita gama de pizzas o, mejor aún, empanadas, también presentadas en trozos manejables. Podemos pensar también en toda una inacabable serie de minibocadillos, fríos o calientes... No hablemos de las innumerables posibilidades que ofrecen las brochetas de carnes o pescados, que no necesitan que su soporte sea rígido ni puntiagudo; pueden hacerse brochetas ensartando los dados de comida en algún tallo vegetal, al estilo oriental, como la hierba limón...
Las técnicas y presentaciones orientales serían la solución perfecta. La comida oriental no precisa cuchillo ni tenedor; está pensada para comer con palillos, artilugio al que auguramos un gran futuro y del que diremos, una vez más, que su uso es sencillísimo, como lo prueba que cerca de dos mil millones de personas los usen a diario. Además, piensen en los rollitos de primavera, las variedades de sushi, las tempuras...
¿Más? Pues sí. Cazuelitas con ricos guisos, calentadas a bordo; los platos `de cuchara` también tienen un buen futuro. Claro que habría que obviar algunas cosas muy sabrosas, como las que contengan potajes de vigilia, fabada o lentejas; gastronómicamente son de lo más apetecible, pero no podemos olvidar que un aeroplano es un espacio cerrado, que los vuelos transoceánicos duran lo suyo y que las leguminosas tienen unos efectos aromático-musicales bien conocidos, que pueden hacer aun más irrespirable la atmósfera de un avión de pasajeros atestado.
No me atrevo a soñar con cosas de muy difícil preparación en el limitado espacio de un avión, como esas deliciosas chuletillas de cordero de apenas bocado y medio; pero, sin llegar a ésta y otras gollerías similares, creo que las sugerencias arriba apuntadas son bastante más apetecibles que las incógnitas plastificadas -eso sí, sobre una insípida hoja de lechuga `iceberg`- que suelen ofrecer los responsables del catering en las líneas aéreas.
No haría falta más que un poco de imaginación, algo de lo que no parecen estar sobrados los susodichos responsables de nuestro bienestar gastronómico a bordo. O, mejor, un poco de buena voluntad; algo que, si todos empleásemos siempre, haría innecesarias estas medidas que, una vez más, van a recaer en la parte más débil de una línea aérea: los pasajeros. Muy especialmente, claro está, los que viajan en turista, que, lo crean o no los del catering, también tienen su corazoncito... y su paladar.

 
Suscríbete Gratis:
Quieres que te mantengamos permanentemente informad@, pulsa aquí
E-mail © Copyright Gastronovedades.com 2000, 2001