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Por Caius Apicius
Madrid, 17 sep (EFE)
.- Cualquier usuario habitual de líneas
aéreas sabe muy bien que la comida que se sirve a bordo,
sobre todo en la sufrida clase turista o económica, no es,
precisamente, uno de los atractivos del viaje.
Y muchos de esos usuarios están preocupados por algunas de
las consecuencias menos graves, pero molestas, de la tragedia del
pasado día 11 en Manhattan; concretamente, por la más
que probable prohibición de utilizar ningún tipo de
cuchillo a bordo.
Cuchillos... de momento, porque alguien caerá en la cuenta
de que un tenedor de púas afiladas aplicado sobre la yugular
puede ser un arma tan letal como un cuchillo. De modo que habrá
que ir pensando en un futuro inmediato en el que no dispondremos,
en los aviones, de los dos cubiertos más utilizados por los
ciudadanos occidentales.
Bueno, siempre podemos retrotraernos al tiempo del Imperio Romano
y comer con las manos; para ello no hará falta más
que servir la comida cortada en trozos manejables. Unos muslitos
de ave preparados de forma que quede la parte superior del hueso
limpia, para tomarlos con la mano por allí sin pringarse,
son una de las posibilidades; hay más, claro.
Me dirán que la forma de comer de los romanos, echados sobre
el costado en sus triclinios, es incomodísima para un ciudadano
de hoy. Seguro; pero no mucho más que hacerlo en el reducidísimo
espacio que hay entre los asientos de la clase turista, y más
cuando el pasajero de delante reclina el suyo para echar un sueñecito
y, al mismo tiempo, el de atrás se apoya en el respaldo del
nuestro para levantarse e ir al baño...
Pero hay cosas que se pueden comer con la mano, y cosas que no.
Para éstas, la mejor solución no viene de la antigua
Roma, sino del eterno Oriente: los palillos, artilugio al que auguramos
un brillante futuro y cuyo uso es muchísimo menos complicado
de lo que suelen pensar los occidentales; como comprenderán,
una cosa que cada día hacen muchos cientos de millones de
personas no puede ser muy difícil.
Queda, también, la solución de apelar al más
antiguo y universal de los cubiertos: la cuchara. Hay montones de
posibilidades de platos "de cuchara" servidos en cazuelitas
que pueden calentarse a bordo; claro que... habría que olvidar
las sabrosas preparaciones a base de frijoles o, en general, cualquier
leguminosa; son, quién lo duda, muy apetecibles, pero...
un avión es un espacio cerrado, los vuelos transoceánicos
duran lo suyo y las leguminosas tienen unos efectos aromático-musicales
bien conocidos, que pueden hacer aún más irrespirable
la atmósfera de un avión atestado de pasajeros, muchos
de ellos, para colmo olfativo, desprovistos de sus zapatos.
En serio: hay cientos de posibilidades de ofrecer una comida atractiva,
por supuesto más que la que se servía hasta ahora,
sin necesidad de suministrar al pasaje cuchillo y tenedor.
Hay quesos, embutidos, pizzas, sandwiches fríos o calientes,
brochetas de mil y una cosas -ensartadas no en un pincho, sino en
un tallo vegetal no rígido, al estilo oriental-, sopas y
cremas frías y calientes, sushis, "tacos" al estilo
mexicano, rollitos de primavera o de cualquier estación y
preparaciones similares de algo envuelto en pasta fina...
Con la mano, con cuchara o con palillos. Viejísimas formas
de comer todas ellas -el tenedor es cosa de ayer mismo en la mayor
parte del mundo- que, miren por dónde, van a imponerse para
hacerlo en uno de los símbolos que mejor identifican los
tiempos actuales: el avión. Qué de vueltas dan la
historia y la vida.
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