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Por Caius Apicius
Madrid, 15 oct 2001(EFE)
- En un mundo que tiende cada vez más
al centro, o al menos eso pretende, hay unos seres que, en cuanto
abandonan la infancia, optan decidida e irreversiblemente por declararse
de izquierdas o de derechas: se trata de un orden de peces que lleva
la contraria a todos los demás vertebrados, que son simétricos:
los llamados pleuronectiformes.
Ese nombre tan complicado, como lo son casi todos los taxonómicos
para el profano, significa que son peces que nadan de costado; `pleura`
es costado, y `nectos`, que nada. Digamos ya, para no prolongar
el lío, que se trata de los peces a los que llamamos planos.
En general son especies demersales; más aclaraciones. Por
pelágicas entendemos a las que viven en las masas de agua,
lejos del fondo; demersales son las que habitan la zona marítima
más próxima al fondo, y bentónicas aquellas
que directamente viven fijas o apoyadas en los fondos marinos. Demersales,
entonces, ya que, aunque estos peces pasan buena parte del día
apoyados en el fondo, de vez en cuando se pasean, pero nunca demasiado
lejos de él.
Es un caso claro de posicionamiento genético, hereditario;
los que son de izquierdas lo son porque todos sus antepasados lo
eran, y lo mismo ocurre con los que eligen la derecha. Porque, cuando
nacen y son pequeñitos, son perfectamente simétricos
y tienen un ojo a cada lado, como todo quisque. Ah, pero en cuanto
empiezan a crecer... uno de los ojos emigra buscando al otro, y
allí se quedan, los dos al mismo lado del pez, bien a la
izquierda, bien a la derecha.
Estos peces se aplastan de un lado a otro, no de arriba abajo. Hay
otros peces de cuerpo comprimido, pero simétrico; no les
llamamos planos, porque no lo son: son `aplastados`, como el pez
de San Pedro o la palometa. Los pleuronectiformes, no. La parte
de arriba, visualmente hablando, es un costado, y la de abajo, el
otro. Y como nadan con la parte de los ojos hacia arriba, ocurre
que en realidad nadan de lado, de ahí su nombre.
Todos tienen la parte superior -dejémoslo así, para
no liarnos más- coloreada, oscura, muchas veces con tonos
de camuflaje, confundida con el fondo en el que viven, y la inferior
o ciega generalmente blanca. Es una cuestión de adaptación
al medio -desde abajo, una tripa blanca es más difícil
de ver en el mar que otra oscura- que no se libra de su propia leyenda,
relacionada con el más famoso pescador de todos los tiempos:
San Pedro.
En una ocasión el discípulo de Cristo pescó
un pez plano -hay que ver cuántas especies de peces había
en el Mar de Tiberiades, que es un lago- y se lo quiso comer, para
lo que se puso a asarlo sobre unas brasas. El pescado tardaba lo
suyo en hacerse, así que agotó la parece ser que escasa
paciencia del apóstol, quien lo cogió e, irritado,
lo arrojó de nuevo al agua. La parte oscura de estos peces
correspondería a la que pasó más tiempo sobre
las brasas.
Bien, la nómina de peces planos es amplia y, sobre todo,
muy apetitosa. Entre los pleuronectiformes de izquierdas están
los gallos -llamamos `gallo` a peces de dos especies diferentes-
y el aristocrático rodaballo... o, mejor dicho, el en otro
tiempo aristocrático rodaballo, francamente masificado desde
que se produce en cultivos marinos, de modo que dejaremos esa condición
de nobleza para los ejemplares que viven en el mar, los que siguen
siendo demersales y no piscineros.
Curiosamente, la mayor parte de los imitadores del rodaballo, salvo
el rémol o corujo, son de derechas, como la solla y los fletanes;
las platijas, aunque mayoritariamente miran a derechas, no tienen
convicciones tan sólidas, y alrededor de un 30 por ciento
de ellas se vuelven a la izquierda. Y son claramente de derechas
las acedías, los lenguados y todos los demás pescados
que aspiran -bueno, ellos no, pobres: algunos hosteleros- a sustituir
al lenguado ante el cliente.
Por cierto: el más frecuente caricato del lenguado es un
pez de su misma familia al que se llama por ahí sortija;
en algunos lugares, impropiamente, acedía -no lo es- y más
frecuentemente lenguado de arena. Si se lo dan con cabeza, denle
la vuelta y fíjense en sus orificios nasales, situados en
la parte ciega, blanca; en el lenguado, están bastante juntos
y son iguales; en su imitador, están separados, y el más
próximo al morro es mucho más grande, de aspecto estrellado
y con el borde superior similar a una verruga; vamos, que éste
sí que tiene narices.
Pero, fraudes aparte, casi todos los pleuronectiformes tienen, además
de la forma, otra cosa en común: están muy ricos.
Van... de lado.
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