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Berlín, 27 dic (EFE)
.- Las autoridades alemanas parecen desbordadas ante el mal las
vacas locas y reclaman a la Unión Europea (UE) más determinación
para atajar la crisis, mientras que la parte comunitaria atribuye
a Alemania descontrol administrativo. Tras la conmoción entre los
consumidores por la retirada del mercado, justo antes de Navidades,
de los embutidos "sospechosos" de contener ingredientes vacunos
de riesgo, ahora les llegó el turno a las ovejas. El ministro de
Agricultura, Karl-Heinz Funke, dijo hoy que estudia la posibilidad
de extender a los ovinos los controles sistemáticos de encefalopatía
espongiforme bovina (EEB), siguiendo la recomendación del director
del Instituto Robert Koch de Berlín, Reinhardt Kurth. "Si los científicos
así lo aconsejan, creo que es correcto hacerlo y debemos llevarlo
a la práctica", manifestó hoy el ministro en declaraciones a la
televisión pública. Funke, que ha sido acusado repetidamente de
no haber actuado a tiempo en el caso de la crisis de la EEB, quiere
ahora "curarse en salud" respecto a los ovinos. El ministro parece
admitir que la situación le supera, y junto a su disposición de
seguir los consejos de los expertos respecto a las ovejas, pide
una actuación "a escala europea". Funke dice que sería "deseable"
una regulación comunitaria para la hipotética extensión de los controles
a los ovinos y aprovecha para "lamentar" que la prohibición de las
harinas cárnicas no se haya llevado "con mayor rapidez" en la UE.
Alemania dictó la prohibición indefinida de los piensos cárnicos
para todas las especies, inmediatamente después de aparecer la primera
"vaca loca" nacida en el país, el pasado noviembre. En territorio
germano, el veto entró en vigor con carácter inmediato, mientras
que en el ámbito comunitario no será vigente hasta el primero de
enero y, en principio, por solo un semestre. Junto al veto de las
harinas cárnicas, el gobierno germano impuso también a principio
de diciembre la obligatoriedad de realizar esos controles a las
reses sacrificadas mayores de 30 meses. A las ovejas, como "foco
de sospecha" para el consumidor, se unen las informaciones aparecidas,
también
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hoy, acerca de
falsificaciones de etiquetas en productos cárnicos detectadas en supermercados
de Baviera, estado donde se han registrado cuatro de los cinco casos
de "vacas locas" confirmados en el país. El diario "Augsburger Allgemeine"
informa de la existencia de productos falsamente anunciados como "libres
de vacuno", a los que se colocó esa etiqueta tras la llamada del gobierno
de apartar los alimentos con ingredientes de riesgo como sesos o médula
de res. La picaresca del vendedor o el fabricante es uno de los males
contra los que luchan las autoridades germanas, que en los días pasados
recibieron ya un rapapolvo de la Comisión Europea respecto a otras
irregularidades o posibles negligencias. Los inspectores comunitarios
detectaron impurezas cárnicas en tres cuartas partes de las granjas
inspeccionadas, precisamente en Baviera, y el comisario europeo comunitario,
el austriaco Franz Fischler, acusó a Alemania de "confusionismo" en
el reparto de responsabilidades entre gobierno central y los estados
federados. A pesar de su disposición a extender los controles a las
ovejas, el ministro trata de evitar una nueva alarma en el mercado
y dice que la situación del ganado ovino es distinta de la del vacuno,
ya que entre un 60 y un 70 por ciento de las ovejas se alimentan de
pasto y no de pienso. Recuerda, además, que los ovinos pertenecen
a la familia de los rumiantes, para los que la prohibición de las
harinas cárnicas entró en vigor en toda la UE en 1994. Pero tras el
hallazgo de esas impurezas cárnicas de Baviera, en una inspección
hecha hace solo tres meses, está claro que no se puede confiar a ciegas
en esa normativa. El comisario Fischler insiste, en declaraciones
publicadas hoy por "Die Welt", en la complicación accesoria sobre
el control de la crisis que supone la "inaccesibilidad" del sistema
alemán. El reparto de competencias en materia agrícola y veterinaria
entre el gobierno central y los estados federados obstaculiza la labor
de los expertos comunitarios, dice Fischler, partidario de realizar
visitas de inspección sin advertencia previa a las autoridades nacionales
o regionales de la UE. |