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Berlín, 30 dic (EFE)
.- Alemania acaba el año en estado de alerta ante la crisis de las
"vacas locas" y el Gobierno trata de superar la desorientación y
las críticas con el nombramiento de una encargada especial que deberá
solucionar problemas de competencias. En apenas un mes, el Gobierno
de Berlín ha pasado de asegurar que Alemania era una `isla` exenta
de encefalopatía espongiforme bovina (EEB) a enfrentarse con la
aparición de siete casos de reses nativas afectadas por el mal.
El dedo acusador se dirige al ministro de Agricultura, Karl-Heinz
Funke. Después de que un semanario revelara el viernes que Funke
fue advertido por expertos alemanes en abril sobre la inminencia
de estos casos -pese a lo cual no tomó medidas-, las acusaciones
llegaban hoy de la Unión Europea. El comisario de protección del
consumidor, David Byrne, asegura que el ministro recibió en marzo
un informe comunitario en el que se le alentaba a prepararse ante
el peligro de que se extendiera la EEB, en unas declaraciones que
adelantó hoy el dominical Welt am Sonntag. Las palabras del comisario
contrastan con las del ministro, que aseguraba el viernes que hubieran
sido necesarios dones adivinatorios para prever la evolución de
los hechos. Las autoridades europeas no parecen demasiado contentas
con la actitud germana, después de que un estudio detectara la existencia
de harinas cárnicas en la alimentación de algunas vacas alemanas,
pese a estar prohibido a nivel comunitario. Byrne también acusó
a Berlín de mantener una política de información errónea y no aclarar
la situación de forma completa a los consumidores. La aparición
de la primera "vaca loca", el 24 de noviembre en el estado de Schleswig-Holstein,
estalló como una bomba en el país y originó una rápida aplicación
de medidas. Las más destacadas fueron la extensión del veto de piensos
cárnicos a todos los animales
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