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Madrid, 16 ene (EFE)
.- La OCU calificó hoy la crisis de las vacas locas de "problema
de ámbito nacional muy grave", aconsejó comer sólo filetes y carne
picada ante el consumidor, evitar ojos, sesos y médula espinal,
y señaló que no ofrecen garantías derivados como salchichas frescas
o hamburguesas en los que no se ve la estructura de la carne. El
presidente de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU),
José María Múgica, exigió al presidente del Gobierno que se haga
cargo de la responsabilidad de esta crisis, ya que se trata de "una
cuestión de Estado", y sugirió que la Administración Central asuma
temporalmente las competencias de las 17 Autonomías "para evitar
comportamientos discrepantes en según qué lugar". La OCU entiende
que en la solución de esta crisis están implicados cinco ministerios
-Agricultura, Sanidad y Consumo, Medio Ambiente, Hacienda y Economía-
por lo que es la Presidencia del Gobierno la que debe asumir la
responsabilidad. En una conferencia de prensa, durante la que la
se presentó una campaña dirigida a los consumidores, Múgica explicó
que se consideran seguras las carnes con estructura reconocible
(filetes y "picada" ante el consumidor), riñones, criadillas, corazón
y callos. Múgica señaló que tiene "riesgos limitados" (que se hacen
mínimos en animales jóvenes) el consumo de hígados, caldos de huesos,
cortes de carne con hueso, como chuletón y ossobucco; y añadió que
no ofrecen garantías, salvo que se sepa el origen y se especifiquen
los ingredientes, las hamburguesas, las salchichas frescas y los
platos precocinados. La OCU desaconsejó totalmente el consumo de
sesos, médula espinal y ojos de cualquier bovino, independientemente
de la edad del animal. A juicio de la OCU, "la magnitud del problema"
exige que se trate como una crisis que trasciende los límites de
las CC.AA. y que se aborde "inmediatamente" con la responsabilidad
y el rigor que exige una situación tan grave, y pidió al presidente
del Gobierno, José María Aznar, que se elabore un Plan Armonizado
de ámbito nacional. Este Plan debería partir de las directrices
emanadas de un Comité Científico, recoger y centralizar toda la
información posible sobre el mal de las
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vacas locas, establecer
medidas de control, e informar a los consumidores para que conozcan
la situación real del problema. En su campaña informativa, que se
expone en la página web (OCU.org.) y en las revistas de la asociación,
esta organización contesta un buen número de cuestiones sobre el consumo
de carne de bovimo. Sobre el consumo de caldo de pastillas de concentrado
de carne la OCU señala que "depende de los ingredientes", y añade
que sí se puede tomar caldo hecho con huesos de animales jóvenes como
los que se venden en las carnicerías, y también callos (porque proceden
del estómago, que no es infectivo), e igualmente gelatinas de cocina
(que suelen elaborarse con piel de cerdo y de vaca y la piel tampoco
es infectiva). En su "manual de urgencia" para esta crisis, la OCU
informa, entre otras cuestiones, de las diferencias entre ternera,
añojo, novillo o buey, explica los controles que debe pasar la carne
antes de llegar al mercado, o señala los pasos que ha de dar el ganadero
cuando se muere una vaca. La OCU, que ha enviado los datos de su campaña
informativa al ministerio de Sanidad, celebrará esta tarde una reunión
con responsables de ese Departamento, con dirigentes de asociaciones
de consumidores, y con el director general de Alimentación y Consumo
de la Comunidad Autónoma de Madrid, Juan José de Gracia. Finalmente,
esta organización pide al Gobierno que "acabe la incoherencia administrativa"
y reitera la urgencia de un Plan Armonizado Nacional "capaz de transmitir
confianza por la coherencia de las medidas. A la conferencia de prensa
asistió también Robert Remy, de nacionalidad belga, y responsable
del Grupo Europeo Conseur, que agrupa a organizaciones de consumidores
de España, Bélgica, Francia, Italia y Portugal. Remy afirmó que el
problema de las vacas locas es el resultado de "una política agrícola
común de hiperproducción", de producir más rápidamente con hormonas,
tranquilizantes, antibióticos o harinas animales, y que los responsables
no son ni los consumidores ni los ganaderos, sino Inglaterra, donde
se detectó la primera vaca loca en 1986 y de lo que no se informó
hasta 10 años después. |