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Sant Feliu de Guíxols (Girona),
21 ene (EFE)
.- España cuenta con 32 explotaciones industriales de cultivo
natural de caracoles de tierra, modalidad empresarial relativamente
nueva que produce anualmente 320 toneladas de estos animales, cantidad
insuficiente para cubrir la demanda y que obliga a importar estos
gasterópodos de Marruecos, Argelia y Mauritania. Según
ha explicado a Efe Xavier Rotllan, vicepresidente del Instituto
Internacional de Helicicultura, a estas explotaciones que alimentan
a los caracoles con productos naturales -coles y acelgas, básicamente-
se han de añadir otras 40, situadas en su mayoría
en Galicia, que utilizan piensos y compuestos químicos. Las
explotaciones de cultivo de caracoles, que en Italia y en Francia
funcionan desde hace 30 años, se introdujeron en España
hace sólo tres años y se centran principalmente en
Andalucía, Levante, la zona centro, Bilbao y Cataluña,
donde existen cuatro granjas de este tipo.
Todas esas explotaciones no pueden hacer frente a la demanda de
este producto, que en Europa tiene un déficit anual de 155
millones de toneladas y que obliga a los mayoristas a importar caracoles,
principalmente de países africanos. A modo de ejemplo, la
explotación de Xavier Rotllan, situada en Sant Feliu de Guíxols
(Girona), produce anualmente 10 toneladas de caracoles con las que
no se puede abastecer la demanda de los restaurantes de la zona,
uno de los cuales consume cada año 19 toneladas. "La
gente se cree que los caracoles que se come en un restaurante o
los que le venden en el mercado han sido
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recolectados en
el campo, como se hacía antes, y no es así, todos proceden
de explotaciones", ha explicado Rotllan.
Cada granja produce anualmente entre 8 y 10 toneladas de caracoles
por hectárea, que se venden a los mayoristas a un precio que
ronda las 1.000 pesetas y que llegan a los mercados a precios que
oscilan entre las 1.600 y las 1.800.
Las explotaciones de este tipo necesitan un espacio mínimo
de 2.500 metros cuadrados y 24 animales reproductores para empezar
a funcionar y son ideales, según Rotllan, para agricultores
que disponen de tierras y quieran rentabilizarlas. El espacio se divide
en "recintos" de 45 por 4 metros que se protegen con vallas
"antifugas" para evitar que los caracoles salgan y a los
que se van trasladando los animales a medida que éstos crecen,
hasta alcanzar los 10 meses de vida, que es cuando son óptimos
para el consumo. En estos recintos se plantan tres tipos de vegetales
-col forrajera, acelga borde y "ravizone", una especie de
lechuga dentada- con los que se alimentan los caracoles, y algunas
plantas aromáticas por las que les gusta pasearse y que otorgan
luego un sabor especial a su carne. Los caracoles, que tiene un complemento
suplementario de manzana, calabaza, calabacín y zanahoria,
han de tener una humedad constante, por lo que las granjas deben contar
con un sistema de riego por micro-aspersores o nebulizadores que mantenga
el grado de humedad. Las granjas catalanas están situadas en
Sant Feliu de Guíxols, Partes (Barcelona), Mora d`Ebre (Tarragona)
y Tordera (Barcelona). |