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Por Gemma Casadevall
Berlín, 23 ene (EFE)
.- El chuletón de canguro, el estofado de avestruz o el guisado
de cocodrilo empiezan a dejar de ser platos exóticos para
el consumidor alemán, ya que el temor a las "vacas locas"
ha despertado la curiosidad gastronómica y el apetito por
las viandas alternativas. "Pruebe sin miedo: no muerde",
repite una y otra vez Gabriele Goebel, encargada del stand australiano
de la Semana Verde berlinesa, la mayor feria de alimentación
del mundo orientada al consumidor. Ante sí tiene a una veintena
de jubilados, que dudan entre una "bratwurst" de marsupial,
un guiso de reptil con patatas o una cazuela de menudos de avestruz
con arroz. "Mi hijo me ha aconsejado la salchicha. Dice que
sabe como las de casa", comenta a su acompañante Birgit
Doemel, una mujer llegada del vecino estado de Sajonia y dispuesta
a probar "todas esas cosas nuevas". La representación
australiana, uno de los 1.570 expositores de una feria en la que
se encuentran productos de 59 países, siente que llegó
su "agosto". "Nuestro bistec de canguro sabe más
rico y es más seguro que uno de ternera", asegura la
expendedora de esas nuevas especialidades que, convenientemente
aderezadas con mostaza y especias para adaptarlas al sabor local,
están encontrando su parcela en la gastronomía alemana.
La 66 edición de la Semana Verde abrió sus puertas
el pasado jueves bajo el síndrome de las "vacas locas"
y los recelos extendidos entre el consumidor no sólo ante
el vacuno, sino también ante los embutidos, sospechosos de
contener ingredientes de res.
La cita anual es esperada por el berlinés y sus compatriotas
de las provincias vecinas como una oportunidad para curiosear entre
especialidades gastronómicas de todo el mundo y consumir
los productos de siempre entre jarras de cerveza. En los diez días
de vida de la Feria, que se cerrará el domingo, se espera
que desfilen por sus 114.000 metros
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cuadrados hasta
medio millón de visitantes, entre profesionales del sector
y ciudadanos de a pie. Los representantes de la "gastronomía
tradicional", como los charcuteros de Sajonia o la Selva Negra,
tratan de poner buena cara al mal tiempo y colocan carteles de "Cien
por cien libres de vacuno" en sus escaparates. Otros ilustres
invitados, como los expositores franceses, acompañan sus productos
cárnicos, sean o no de vacuno, con vistosos certificados de
garantía de calidad. Está claro que el fantasma de la
sospecha se ha apoderado de la Semana Verde y, a pesar de que el visitante
medio acaba relajándose y se sienta en los simulacros de cervecería
bávara para saborear la típica salchicha, se percibe
que los tiempos están cambiando. Los pabellones dedicados al
sector agropecuario biológico están a rebosar -se estima
que el consumo de los productos ecológicos ha crecido en pocos
meses un 60 por ciento- y al canguro australiano, el bisonte canadiense
o el reptil sudafricano también les van bien las cosas. "Llegó
la hora del canguro", exclama triunfal Gabriel Goebel, mientras
vende varios filetes crudos de avestruz y explica al ama de casa que
debe prepararlo "como si fuera carne de la tienda de la esquina".
"El próximo gran negocio será editar un libro de
recetas. Igual lo escribo yo mismo", añade, mientras un
señor de 89 años -que se dice "parado, pero no
jubilado"- le expresa su admiración por la chuleta con
verduras de "carne rara" que se acaba de comer. Menos satisfecho
parece su compañero de festín, que optó por un
plato a base de cocodrilo y se pregunta "dónde está
la chicha" del poderoso reptil que, encima, no le sabe a nada.
Las especialidades de muslos, pechugas o costillares "exóticos"
son aún un ámbito minoritario, pero la posibilidad de
probarlas no está reservada a la Semana Verde, ya que han empezado
a poblar los estantes de las grandes cadenas de alimentación
del país, así como la carta de algunos restaurantes
pioneros. |