Pediatras
alarmados por el aumento de conflictos para alimentar a los bebés
Viena, 25 ene (EFE)
.- El número de bebés menores de un año que
necesitan atención médica porque no quieren comer
aumenta de forma alarmante, según un grupo de pediatras austriacos,
que ha analizado los motivos de este conflicto frecuente a una edad
tan precoz. La pediatra Marguerite Dunitz-Scheer, de la clínica
universitaria de Graz, tiene que hospitalizar anualmente a casi
300 niños menores de un año porque no se desarrollan
bien o incluso sufren graves problemas que se convierten en una
amenaza para su vida. Para los expertos, los problemas son perfectamente
explicables, aunque en la mayoría de los casos son factores
múltiples los que llevan a que el niño apriete los
dientes y disemine las espinacas por los muebles, las paredes y
la alfombra.
La pediatría ha desarrollado un sistema de diagnóstico
consistente en observar al niño y a la madre por vídeo
para poder analizar el comportamiento de ambos en el "campo
de batalla" y cómo crece la crispación entre
la madre, que no puede evitar montar en cólera, y el bebé
que empieza a descubrir su voluntad. La clave para comprender las
causas del conflicto se halla a menudo en una tendencia de los padres
a la inseguridad y al cuidado excesivo que se dedica al niño.
Las parejas se deciden cada vez más tarde a ser padres y
tienen pocos hijos, en muchos casos tan sólo uno, que se
convierte en un pequeño ídolo por cuyo bien se procura
hacer todo lo posible y hasta lo imposible. Los padres se sienten
cada vez más inseguros y angustiados, leen libros sobre cómo
ser perfectos, cómo se debe dar la comida al pequeño,
compran un babero nuevo de fibra natural y una cuchara de forma
especial para que entre mejor en la boca y los mejores "potitos"
que hay en el mercado, pero resulta que el bebé responde
mal a este cuidado excesivo. El niño, que tiene la sensación
de ahogarse en tanta atención, reacciona donde más
nota la ansiedad de sus padres, en el tema de la comida: aparta
la
cabeza y cierra
la boca mientras la madre intenta meterle por lo menos un bocado y
nadie puede forzarle a tragar porque después devolverá
todo. "Sabemos de la vida cotidiana en las familias que en una
situación así se desarrollan batallas de varias horas",
dice Dunitz-Scheer. El bebé en la segunda mitad del primer
año descubre su propia personalidad y quiere decidir sobre
si coge la cuchara con sus manos o un día come menos, pero
si aumenta la presión la situación se vuelve cada vez
más dramática. La que lleva las de perder es la madre,
subraya la pediatra, porque cae en el pánico, pierde el instinto
natural para las señales que le da el niño y se mortifica
haciéndose reproches. "En estos casos puede pasar que
los pequeños, a una edad a la que deben aumentar de peso, lo
pierden y también adelgaza la madre", afirma la médica,
que ha publicado varios libros de consulta sobre el tema. A su juicio,
los niños tienen los nervios más templados y su deseo
de imponerse es tal que triunfa sobre la demanda de sueño y
de comida, de modo que el comer y el dormir llega a ser un arma. Según
Dunitz-Scheer, es importante curar estos trastornos lo más
rápidamente posible porque pueden convertirse en el origen
de enfermedades de la pubertad como la bulimia y la anorexia, y curarlos
puede salvar más de un matrimonio, porque un marido se exaspera
si ve a su mujer desesperada a diario por el mal apetito de su hijo
y sin energía para atenderle.
La pediatra da una serie de consejos, relacionados con la necesidad
de que en la casa haya un ambiente relajado: no dar de comer al niño
sin que dé señales de tener apetito, no cuidarlo demasiado
y dejarle algún rato libre para ocuparse solo de si mismo y
no tomar el asunto demasiado en serio sino con humor. El número
de niñas afectadas es el doble que el de los niños,
y la pediatra sospecha que ello tiene que ver con que las madres se
identifican más con las hijas y pretenden saber siempre perfectamente
lo que les sienta bien.
Un
Seminario en San Sebastián dedicará jornadas a distintas
comunidades
San Sebastián, 25 ene (EFE)
.- Las "Jornadas Gastronómicas del Larzábal",
que se celebrarán en San Sebastián del 12 de febrero
al 18 de junio, organizadas por el cocinero guipuzcoano Martín
Berasategui, dedicarán distintas jornadas a la joven cocina
de autor de Galicia, Extremadura, Andalucía, Valencia y Canarias.
Según informó a Efe Martín Berasategi, en este
seminario tomarán parte afamados restauradores como los franceses
Philippe e Isabelle Andignac, de los restaurantes "Festins
de France" y "Castelnau Chalosee"; y Enrique Bile,
de la quesería "Mille et un fromage" (Biarritz).
En las jornadas también participarán el gallego Marcelino
González, de la "Casa Marcelo" (Santiago de Compostela);
Xabier Díaz y Aizpea Oihaneder, del restaurante "Rocamador"
del Almendral (Badajoz); José Carlos García, del restaurante
"Café de París" (Málaga); Quique
Dacosta de "El Poblet" de Denia (Alicante); y Carlos Gamonal
del "Mesón El Drago" de Teguese (Tenerife). Además,
acudirán al seminario los
cocineros vascos
Alex Lucas del "Larzábal", José Antonio Martínez
del "Guggenheim Bilbao", Isaac Salaberria del "Fagollaga",
José María Arbelaitz del "Arbelaitz", Elena
Arzak del "Arzak y Gorka Txapartegi del "Alameda",
entre otros.
Las jornadas consistirán en distintas demostraciones culinarias,
aplicaciones de diversos productos a la alta cocina, cursos y demostraciones,
conferencias de críticos gastronómicos y menús
monográficos, entre otras actividades. El cocinero Martín
Berasategui explicó que las "Jornadas Gastronómicas
del Larzábal" servirán para "acercar a los
amantes de la cocina pequeñas pinceladas de cultura y actividades
lúdicas de interés y actualidad, siguiendo las fórmulas
más atrayentes del panorama gastronómico español".
En este sentido, precisó que el apartado "más ambicioso
por su complejidad y desarrollo" será el de las cenas
elaboradas por los jóvenes cocineros más destacados
del panorama gastronómico actual.