Los
Quince hablarán del espinazo y la reducción de la
edad para el test
por Yolanda Pérez Tovar
Bruselas, 28 ene (EFE)
.- Los ministros de Agricultura de la Unión Europea (UE)
debatirán mañana, lunes, la posibilidad de retirar
de la cadena alimentaria el espinazo de los bovinos y otras medidas
destinadas a atajar la enfermedad. Además, estudiarán
la reducción de 30 a 24 meses de la edad a partir de la cual
los animales deben ser sometidos al test de detección del
mal de las vacas locas. El comisario de Protección de los
Consumidores, David Byrne, secundará la opinión del
Comité Científico Director de la UE, partidario de
prohibir los trozos de carne adheridos a la columna vertebral (espinazo),
que son separados mecánicamente y se utilizan para hamburguesas,
y de someter a normas estrictas de fabricación las grasas
animales destinadas a la alimentación del ganado. Byrne defiende
seguir las recomendaciones de los científicos en ambos puntos,
pero "no tiene claro todavía" qué hacer
en lo que se refiere a la columna vertebral, señalaron fuentes
comunitarias. En ciertos sectores de la Comisión se teme
que esa medida represente un fuerte coste económico que no
se justifique con el riesgo real para la salud. Los científicos
creen que la columna vertebral y su médula deben ser consideradas
"materias de riesgo", pero afirman que sólo ha
de ser prohibida cuando no se respete la prohibición de alimentar
al vacuno con harinas de carne y hueso. Afirman que hasta la prohibición
efectiva de esos productos (el 1 de enero de este año) los
estados miembros no podían garantizar la seguridad de los
consumidores, por lo que aconsejan retirar la columna de los animales
nacidos antes de esa fecha. También podría aplicarse
a los animales nacidos posteriormente si los estados no pueden garantizar
el total cumplimiento de esa norma. La Comisión lamenta de
que el análisis de los científicos sobre el espinazo
plantee problemas de interpretación. Byrne también
hablará a los Quince de la posibilidad de reducir a 24 meses
la edad a partir de la cual han de realizarse los test de detección
de la
Encefalopatía
Espongiforme Bobina (EEB), ante la reciente aparición de algunos
casos de vacas locas menores de 30 meses. Aunque el 99 por ciento
de los casos localizados en la UE son animales mayores de 30 meses,
la Comisión está a favor de eliminar cualquier riesgo,
por mínimo que sea, sobre todo tras la iniciativa emprendida
por el gobierno alemán.
Alemania ya ha decidido reducir a 24 meses la edad límite y
otros países como España también están
estudiando esa posibilidad, lo que aumentaría en 40.000 el
número de reses que tendrían que ser sometidas al test.
Byrne y el comisario de Agricultura de la UE, Franz Fischler, almorzarán
con los ministros y en la comida abordarán los problemas derivados
del mal de las vacas locas antes de que comience, a las tres de la
tarde (14,00 GMT), la reunión formal del Consejo. Byrne presentará
un informe con el resultado de una encuesta realizada a todos los
estados miembros para conocer el grado de aplicación de las
últimas medidas adoptadas para combatir la enfermedad (los
test de detección del mal, la prohibición de las harinas
de carne, la retirada de los materiales de riesgo, etc). Fischler,
por su parte, hablará de los aspectos económicos de
la crisis, según fuentes comunitarias. El ministro de Agricultura
español, Miguel Arias Cañete, tiene previsto mantener
un encuentro bilateral con Byrne en el que podría pedirle explicaciones
por las acusaciones que ha realizado contra España, a la que
reprocha haber puesto trabas en los últimos años a la
adopción de medidas comunitarias contra la enfermedad.
España, aunque asegura respetar todas las medidas introducidas
a nivel comunitario, reconoce dificultades en la aplicación
de las últimas disposiciones debido a la "premura"
con la que se han puesto en marcha. Sin embargo, afirma que dispone
ya de capacidad para realizar 7.000 test por semana y asegura cumplir
plenamente la aplicación de los test a los animales mayores
de 30 meses, medida que no es obligatoria hasta el 1 de julio de este
año.
La
sombra de las vacas locas no empañó la fiesta de la
agricultura 'bio'
por Carmen Valero
Berlín, 28 ene (EFE)
.- La "Semana Verde" de Berlín cierra hoy, domingo,
sus puertas con gran éxito de público y satisfacción
de los expositores, cuyos productos "bio" ven aumentar
la demanda por la desconfianza que han sembrado en el consumidor
escándalos como el de las vacas locas. Según los organizadores,
485.600 personas han visitado esta feria internacional de agricultura
y horticultura en sus nueve días de duración, lo que
representa una cifra de afluencia récord. La "Semana
Verde" contó asimismo con la presencia de unos 110.000
profesionales, entre importadores y distribuidores, y con un total
de 1.648 expositores procedentes de 59 países. Entre las
banderas que ondearon en los 114.500 metros cuadrados que ocupó
el recinto ferial, se encontraban todas las de la Unión Europea
-Francia y Holanda hicieron el mayor despliegue- además de
Israel, India, Líbano, Irán, Canadá, Vietnam
y Marruecos. La presencia latinoamericana se redujo a un simbólico
sello de las grandes empresas distribuidoras o a una barra-mostrador
para la degustación de ron añejo, batidos de frutas
exóticas y una cerveza. Directa o indirectamente, los únicos
países de esa región que acudieron a la "Semana
Verde" de Berlín fueron México, Argentina, Perú,
Colombia, República Dominicana y Guatemala, que ofrecía
como producto estrella su Zapaca Centenario, ron de 23 años
que se vende en Alemania a 100 marcos (unos 50 dólares) la
botella. "La feria ha sido un éxito completo para todos
los expositores del sector agrícola", declaró
el presidente de la Asociación alemana de Agricultores, Gerd
Sonnleitner. De igual manera se manifestó el presidente de
la Asociación alemana de Consumidores, Peter Traumann, para
quien "la industria alimentaria ha comenzado el nuevo milenio
con una impresionante presentación de su capacidad y diversidad".
No hay cifras que sustenten tanto optimismo y, a simple vista, parece
imposible que pueda hablarse de volumen de negocio, pues la "Semana
Verde" consiste, para el profano, en un gran zoco donde comprar
-entre codazos- frutos
secos, especias,
caviar, boquerones en vinagre del Mar Caspio, vino, quesos y todo
tipo de tubérculos. Y entre puesto y puesto, un remanso para
tomar cerveza, fumar un cigarrillo, o comer de una bandejita de cartón
reciclado las especialidades tailandesas, griegas, turcas y alemanas
que, entremezclando olores, se mantienen calientes en sartenes gigantes.
En el rincón español, donde el personal que atiende
el mostrador de vinos de jerez lleva sombrero cordobés y las
dependientas que cortan chorizo y jamón, un clavel rojo en
el cabello, nadie habla ese idioma y, pedir por favor que el bocadillo
de "auténtico serrano" no lleve mantequilla provoca,
cuanto menos, extrañeza. La "Semana Verde" comenzó
sin embargo con grandes dosis de seriedad y no menos expectativas,
pues su apertura estuvo precedida por las dimisiones de los ministros
alemanes de Agricultura, Karl-Heinz Funke, y de Sanidad, Andrea Fischer,
por la forma en la que éstos manejaron la crisis de las vacas
locas, y el anuncio de un nuevo giro en la política agraria
en Alemania. La sucesora de Funke, Renate Künast, utilizó
la feria como una caja de resonancia en favor de "una producción
agropecuaria más biológica y familiar" y disipar
los malos entendidos que surgieron entre el tándem anterior
y Bruselas a propósito de las vacas locas. Las asociaciones
alemanas de agricultores y ganaderos, por un lado, y de consumidores,
por otro, aprovecharon también las jornadas de la "Semana
Verde" para exponer ante los cerca de 700 periodistas que se
acreditaron a la feria, sus preocupaciones. Pero el final de la muestra,
que además de productos alimenticios dio cabida a tenderetes
de marroquinería, artículos para el hogar, animales
de compañía, flores, bandas musicales y hasta a un jefe
indio canadiense vendiendo artesanía, tuvo un sello más
festivo.
Y es que a los expositores les resulta más barato deshacerse
de los artículos no vendidos que volver a empaquetarlos y llevárselos
consigo, lo que convirtió el cierre de la "Semana Verde"
en una insaciable avalancha humana entre los puestos.