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  NOTICIAS 22 de febrero de 2.001

Miles de neoyorquinos asisten a clases para saber elegir vinos

por Elías Zaldívar
Nueva York, 22 feb (EFE)
.- Miles de neoyorquinos están dispuestos a pagar centenares de dólares para apuntarse a la última moda de Manhattan: asistir a cursos de apreciación del vino para no quedar "huérfanos" cuando el camarero les presente la larga y sofisticada lista de blancos y tintos. Los cursos y seminarios de clase única, a 40 dólares, o incluso de varias semanas por cerca de 1.000 dólares, están impartidos por expertos de estos caldos que ayudan a sus estudiantes a responder al dilema de: "Te trajeron la lista de vinos, ¿y ahora qué?". Uno de esos cursos los dicta el periodista Helio San Miguel en el Instituto Cervantes, donde el próximo viernes y el 2 de marzo ofrecerá un seminario sobre los vinos de Rioja a doce discípulos delante de doce botellas, a razón de 130 dólares per cápita. En los seminarios, los principiantes "estudian cómo degustarlos, a entender las marcas, a navegar por la lista de los vinos y a familiarizarse con las mejores uvas y los principales conceptos acerca del vino para futuras exploraciones", explicó San Miguel.
Al placer de beber, que impulsó las ventas en este país que supo de una "ley seca", se sumaron en los últimos años investigaciones científicas que hablan de las bondades del vino para contrarrestar males como el colesterol y aun impedir los ataques cardíacos. San Miguel les enseña a conocer el "tempranillo", la variedad de uva más importante en toda España, y termina haciéndoles probar los aromáticos "gran reserva" de la cosecha de 1994 en Rioja. En marzo próximo las clases estarán dedicadas a vinos de Castilla y Galicia. Detrás del afán de los que quieren aprender a comportarse, aunque sea como humildes alumnos del dios Baco, delante del misterio que es capaz de despertar el vino entre conocedores y diletantes de la cepa, esos cursos sirven también de exposición y difusión de los vinos
europeos, chilenos y argentinos, australianos o canadienses que compiten por el paladar de los muchos consumidores en este país. Esta pasión de los cosmopolitas neoyorquinos por el vino -cuando las imagen de los estadounidenses en el exterior es la de que el único líquido oscuro que beben es la Coca-Cola- coincide con la profusión y la prosperidad de las "licorerías" en Manhattan. El diario The New York Times informó recientemente de una veintena de escuelas de gastronomía, instituciones y restaurantes que ofrecen enseñar algo tan importante para la cultura del consumo como las normas de la urbanidad o el uso del desodorante.
Uno de los pioneros, de cuando en Manhattan reinaban el Martini y la rubia cerveza entre las bebidas alcohólicas fue, en 1977, Kevin Zraly, ahora célebre instructor de la Escuela Mundial del Vino. Su prestigio creció al punto de que tiene vendidos sus cursos de ocho semanas, en los que no cabe un alfiler y por los que cobra 795 dólares, durante los próximos diez años. En la Escuela de Cocina de Peter Kump, para aprender a discernir entre el color y la claridad de los vinos en seis clases, los alumnos abonan 385 dólares.
El aprendizaje también será útil cuando tengan que escoger el vino para su mesa, o el que obsequiarán, entre centenares de marcas locales y las de todo el mundo que pugnan por ganar su tajada en este próspero mercado con precios que pueden oscilar de entre cinco o seis dólares -la botella menos pretenciosa- hasta el infinito. En los cursos más intensos, que calan hondo y pueden llegar a costar 1.300 dólares, aprenden los interesados la historia de los vinos más conocidos por países y regiones, y también a catarlos. Para probarlos se ejercitan a fin de aprender cómo pasear el vino que acaba de ponerles el camarero por el paladar y de qué manera oler o captar su aroma mientras la mesa los contempla y el camarero, temeroso de un rechazo, espera el "!está bueno, puede servir!".

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