Las
singulares costumbres gastronómicas de los Incas
Por Diana Mendoza
Lima, 29 may (EFE)
.- La investigadora peruana Rosario Olivas, Premio Nacional de Gastronomía
en España, ha publicado "La Cocina de los Incas",
un estudio sobre las costumbres gastronómicas, los banquetes,
las técnicas y utensilios empleados durante el Imperio del
Tahuantinsuyo. Olivas señaló a EFE que para los incas
no existía la profesión de cocinero y que su sistema
de preparar banquetes era muy singular, comían sin excesos
y bebían "hasta emborracharse". No faltaba comida
"pero tampoco cometían excesos", señaló.
El Inca Garcilaso de la Vega señala que se consumía
tanta chicha (bebida a base de maíz fermentado) en la casa
del inca que "casi no había cuenta ni medida" y que,
si bien los nobles incas no bebían mientras comían "después
de la comida ...tomaban hasta la noche". El Inca era servido
por 20 ñustas (mujeres en quechua) y 400 hijos de señores,
pero luego de ser servido nadie tocaba los restos de sus alimentos,
que eran acumulados para la "vida posterior", explica la
investigadora.
Olivas cita diversas crónicas que sostienen que los incas no
eran enterrados sino que sus cuerpos eran momificados y se conservaban
en sus terrenos, con su servidumbre, casi como si estuvieran vivos.
Se alimentaban del espíritu mismo de los alimentos (sami) que
habían comido y que una vez al año eran quemados para
que se los llevara el viento, "porque nadie podía tocarlo",
indicó la secretaria general de la Academia Peruana de Gastronomía.
El conquistador español, Pedro Pizarro, relata que encontró
en un depósito huesos de aves, mazorcas de maíz y ropa
que había comido el último inca Atahualpa. Los pobladores
del Tahuantinsuyo -que abarcó Perú, Bolivia, Ecuador,
el sur de Colombia y el norte de Chile y Argentina- no comían
carne en la vida cotidiana porque la reservaban para las fiestas.
La carne estaba reservada para la nobleza, y el inca sólo comía
carne
de llama blanca
de raza "cuyro", que también era usada para el sacrificio.
Los patos y cuyes o conejillos de indias blancos también formaban
parte del menú del llamado "Hijo del Sol", así
como las papas (patatas) de la primera cosecha en todo el territorio
del imperio. Los habitantes del Tahuantinsuyo organizaban muchas fiestas
pues todo suceso importante (nacimientos, el primer corte de pelo,
bodas, entierros y otros) era buen motivo para pasar días y
noches bailando, narra Olivas en su libro. Compartían "lo
que llevaban", señaló Olivas, quien añadió
que esta tradición todavía se conserva en muchos de
los pueblos andinos. "La Cocina de los Incas" también
revela las técnicas que empleaban para cocer sus alimentos
con piedras calientes y envueltos en hojas. Para conservar los alimentos
no usaban la sal y no había carnes saladas. En cambio los principales
alimentos se llevaban hasta las partes más altas y heladas
del Ande, donde estaban sus "almacenes frigoríficos".
Olivas, quien fue premiada en España en 1997 por su libro "La
Cocina en el Virreynato", explora también en el protocolo
y el servicio (vajillas) de mesa durante el periodo Inca, la comida
cotidiana, y la batería de cocina (ollas, jarras) así
como en la despensa de los incas. Olivas escribió el libro
tras cuatro años de investigaciones por diversos pueblos del
ande ecuatoriano, boliviano y peruano. En la última parte de
su obra, "la herencia culinaria de los incas", Olivas expone
las comidas y bebidas más populares del Imperio que todavía
se consumen en la región andina, pero en las que se puede apreciar
algunos ingredientes foráneos, producto del mestizaje. "Esta
es una base del conocimiento de lo que es la cocina de los incas adaptado
a la manera clásica, que aparece en los manuales de cocina",
explicó Olivas. "La Cocina cotidiana y festiva de los
limeños del siglo XIX" también obra de Oliva fue
distinguido como el mejor libro de historia culinaria latinoamericana
en Versalles, en 1999.
El
bocadillo ha pasado de temtenpié a sustituir a una comida
Madrid, 29 may
(EFE)
.- El 73% de los especialistas en nutrición considera que el
bocadillo ha dejado de ser un tentempié y ha pasado a sustituir
a una comida, y aconsejan que en este caso el menú debe completarse
con una ensalada y un postre, una opinión que comparte el 57%
de los españoles. Ana Sastre, profesora del Departamento de
Nutrición Clínica de la UNED y de la Universidad Rey
Juan Carlos I, presentó hoy las conclusiones del Libro Blanco
sobre "El papel del bocadillo en la nutrición mediterránea
equilibrada", y destacó la necesidad de enseñar
"cultura alimentaria" a los niños en el hogar y el
colegio. Esta nutricionista defendió el consumo de bocadillos,
más saludables" que la dieta americana (hamburguesas y
"hot dogs"), y resaltó que, según el estudio,
el 47% de los españoles opta por el bocadillo por falta de
tiempo, y cuando se quiere hacer una digestión rápida,
no pesada y no flautulenta. El informe destaca que el 57% de los españoles
considera que un bocadillo variado acompañado de una ensalada
y un postre es una comida "suficientemente equilibrada",
mientras que para el 48% puede ser "un buen sustituto de una
comida". Las conclusiones de este informe precisan que la falta
de tiempo para elaborar comidas tradicionales está provocando
cambios en los hábitos alimentarios y que los españoles
tienden a una restauración más fácil y rápida,
y que hombres y mujeres menores de 45 años apenas saben cocinar.
Estos cambios han originado que los que peor comen de las familias
son los menores de 14 años, según el 47% de los españoles
y los de 14 a 25 años, según el 55%.
Entre los platos
rápidos, el 95% de los españoles opta por los bocadillos
frente a hamburguesas o "perritos calientes", y considera
a los primeros "nutricionalmente equilibrados". Sobre el
bajo consumo de pan en España (157 gramos al día frente
a los 250 que recomienda la OMS), el 56% de los encuestados dice que
engorda, una opinión que no comparten los nutricionistas, y
otros responden que han sustituido el pan tradicional por otros de
larga duración (tostadas, pan de molde, etc), y que no hay
tiempo de comprarlo fresco. Otros datos de este informe señalan
que con el cambio de los hábitos alimentarios en Europa hay
un "incremento espectacular" de personas obesas, un fenómeno
que se acerca cada vez más a las cifras de EE.UU. En España,
el 15% de la población es obesa y tiene un Indice de Masa Corporal
(IMC) superior a 30. Para evitar estos problemas se deberían
restringir, por este orden, alimentos como bollos, dulces y galletas,
grasas animales, bebidas alcohólicas, platos precocinados,
chocolate, cerveza, refrescos y frutos secos. A juicio de los nutricionistas,
los españoles consumen muchos bollos, dulces, galletas, carne,
patatas, aceite y grasas animales, mientras que deberían ingerir
más frecuentemente verduras, hortalizas, fruta, pescado, legumbres,
leche, ensaladas, lácteos y pan. El estudio fue elaborado por
el Gabinete de Estudios Sociológicos Bernard Krief en colaboración
con la Sociedad Española de Nutrición Básica
y Aplicada (Senba), y está patrocinado por dos firmas de bocadillos,
con entrevistas en 1.000 hogares españoles y a 25 médicos
especialistas en nutrición.