Madrid, 23 jun
(EFE).
- Hay libros que calificamos de `preciosos` por su aspecto, por su
impresión, sus ilustraciones... y hay libros que son verdaderamente
preciosos por lo que un libro debe serlo: su contenido, aunque la
edición sea más sobria que lujosa; ya decía un
personaje de `Farenheit 451`, de Ray Bradbury, que no se debe juzgar
un libro por su portada.
Y precioso, por su contenido, es el que acaba de sacar a la luz María
José García Soler, en la colección `Cultura Clásica`
de Biblioteca Nueva: "El arte de comer en la antigua Grecia",
una auténtica joya para quienes amamos la historia de algo
tan gratificante como la gastronomía, la buena mesa.
María José es, ahora, profesora titular de Filología
Griega en la Facultad de Filología y Geografía e Historia
de la Universidad del País Vasco. Esta obra, trabajadísima,
documentadísima, tuvo una larga andadura, a cuyo principio
tuve la oportunidad de asistir; y a su autora le costó bastante
interesar a una editorial en su publicación.
El libro hace un amplio y concienzudo recorrido por los hábitos
gastronómicos de los antiguos griegos; va recorriendo, con
muy buen criterio, alimento por alimento, empezando por los vegetales,
con especial atención a los cereales, y siguiendo por los pescados
-los griegos de la época de Homero los despreciaban, para adorarlos
unos cuantos siglos después-, las carnes, las bebidas -interesantísimo
el capítulo sobre el vino-, los condimentos,
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las plantas aromáticas,
las especias, los dulces... Incluye, también, unas cuantas
recetas originales de aquella cultura.
Para alguien que, como quien firma este comentario, se define como
`gastroarqueólogo`, `El arte de la cocina en la antigua Grecia`
es no ya una joya, sino una mina de datos útiles y preciosos;
para el curioso, una forma de conocerse mejor a sí mismo, ya
que saber más de lo que uno come es profundizar en el propio
conocimiento.
La lectura de este libro deja claro el nivel de refinamiento que alcanzaron
los antiguos griegos a la hora de comer, refinamiento que después
adoptaron los romanos, en principio mucho más frugales. Deja
abiertos algunos interrogantes aún no contestados, como saber
cómo era de verdad ese vino con el que Ulises emborrachó
a Polifemo; el de los vinos antiguos es un tema bastante oscuro, y
haríamos muy mal en considerarlos similares a los de hoy.
Si, como creemos unos cuantos, leer es viajar, María José
García Soler nos propone un viaje en sentido estricto, esto
es, en el espacio, pero sobre todo un viaje utópico, un viaje
en el tiempo. En este sentido, este libro es una perfecta máquina
del tiempo, mucho menos peligrosa que la ideada por H.G. Wells, que
nos acerca a unos hombres y mujeres que, en gran manera, pusieron
las bases de nuestra actual civilización, de nuestra cultura.
Incluyendo, naturalmente, la gastronómica. |