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Por Maite González. Madrid, 17 nov (EFE).
- Si todos los recién nacidos del mundo fueran nutridos exclusivamente
con la leche de su madre desde el nacimiento hasta los seis meses
se podría salvar cada año la vida de un millón
y medio de niños, beneficiados con uno de los alimentos más
completos que existen.
Estos son algunos de los datos sobre los que se apoyan las campañas
de promoción de la lactancia materna y en los que se basan
organismos internacionales como la Organización Mundial de
la Salud (OMS) y Unicef, que insisten en que no existe ningún
producto manufacturado que se pueda comparar en calidad, precio
y eficacia a la leche materna.
El amamantamiento de los niños no sólo es recomendable
para el mundo en desarrollo porque es mucho más barato, sino
que también es una ventaja en países desarrollados
como España, donde desde hace unos años se intenta
fomentar e informar de las ventajas de este método de alimentación
natural.
La leche materna tiene una gran calidad y las madres sólo
necesitan ingerir unas 500 calorías adicionales por día
para proteger el sistema inmunológico de sus bebés,
lo que les hace más fuertes frente a algunas enfermedades,
además de potenciar el bienestar psicológico tanto
de la mujer como del hijo.
A mediados del siglo XX en que los partos comenzaron a hacerse en
los hospitales y con un mayor control de los médicos, salieron
también al mercado productos sustitutivos de la leche materna,
comercializados y promocionados como si fueran mejores y estuvieran
mejor esterilizados, lo que provocó el abandono de algunas
mujeres de la beneficiosa lactancia.
Esta situación hizo que en 1981 la Asamblea Mundial de la
Salud promulgara un Código Internacional de Comercialización
de Sucedáneos de la Leche Materna para regular las prácticas
comerciales de las multinacionales de alimentos infantiles y fabricantes
de biberones y tetinas que intentasen fomentar la alimentación
con biberón en detrimento de la materna.
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