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Este sabroso queso se produce exclusivamente en
la región de Suiza central.
El queso suizo Sbrinz, uno de los más valorados en la gastronomía
mundial, ha conseguido la denominación de origen. El pasado
22 de abril se otorgó esta denominación por parte
de la Oficina Federal de Agricultura de Suiza. Esto significa que
sólo el queso que proceda de la región de producción
definida, Suiza central, y que cumpla todas las rigurosas condiciones
de elaboración podrá llevar el nombre de Sbrinz.
Esta denominación constituye un gran éxito para los
productores de leche, los queseros y los comerciantes de Sbrinz.
Todos han contribuido en proteger su queso de una manera natural
según la tradición. El Sbrinz se fabrica en el corazón
de Suiza desde hace más de 500 años siguiendo una
receta que se ha transmitido de generación en generación.
Ya en el siglo XVI se le llamó Sbrinz, denominado así
por sus mejores clientes, los italianos del norte, que bautizaron
el queso transformando el nombre de la localidad comercial quesera
más importante de la época: Brienz.
El Sbrinz es apreciado por los gourmets como un queso extraseco,
con cuerpo y carácter, además de una textura granulosa.
La pasta es de color amarillo claro y cada pieza pesa de 25 a 45
kg con un diámetro de 45 a 65 cm. La corteza es dura, seca
y dorada. Tiene un sabor base entre salado y ácido, ligeramente
dulce, con una cierta nota afrutada.
La reglamentación detallada del Sbrinz constituye el fundamento
de su denominación de origen. Esta regulación es obligatoria
para todos los productores de Sbrinz y garantiza a todos los consumidores
un producto cuyo origen y elaboración está severamente
controlado.
Este control comienza con la alimentación y cuidado que necesitan
las vacas lecheras de Sbrinz. Durante el verano se alimentan de
pasto fresco y en invierno de heno. Los piensos, los productos ensilados
y los transgénicos están totalmente prohibidos.
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La leche cruda de vaca, que aporta al Sbrinz ese sabor aromático
tan típico, es transportada diariamente desde la granja hasta
la quesería en lecheras de cobre. La leche tiene que ser
entregada dentro de las 15 horas siguientes al ordeño. En
la reglamentación se define igualmente la distancia máxima
que puede separar una granja productora de leche de la quesería,
no puede haber más de 30 km de distancia.
Así mismo, los aditivos alimentarios y los organismos genéticamente
modificados están prohibidos en la producción, sólo
está permitido el tradicional cuajo láctico. Incluso
las cavas de maduración están reglamentadas. Las etiquetas
garantizan la trazabilidad de todas las queserías de Sbrinz
y la máxima seguridad para los consumidores. Lo que permite
saber con rapidez y certeza en qué quesería se ha
elaborado la pieza y su fecha de producción.
Un queso Sbrinz tiene que estar al menos 16 meses en una cava de
maduración antes de llegar al punto de venta. Durante todo
este tiempo al menos 12 meses debe permanecer en su región
de origen. Para garantizar una calidad perfecta del queso, una comisión
de tasación examinará cada rueda a los 11 meses. Sólo
los quesos que cumplan todos los requisitos podrán llevar
el nombre de Sbrinz y ser distribuidos a los comercios tanto a nivel
nacional como internacional.
A los 18 meses se podrá consumir como queso rallado dando
a los platos un sabor muy aromático. Con 24 meses y cortado
en trozos del tamaño de una nuez, se convierte en uno de
los quesos más apreciados para el aperitivo. Está
considerado por los gourmets como uno de los mejores quesos para
ensalzar el bouquet de un vino blanco o tinto. Con 3 años
de maduración, el Sbrinz es en una auténtica rareza
muy buscada entre los más exigentes.
Se trata pues de un queso elaborado con todo cuidado, que no contiene
lactosa y con un gran aporte de calcio. Es especialmente digestivo
y está indicado para las dolencias estomacales por su fácil
digestión.
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